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16.10.26

La lección tectónica de Smiljan Radic: diálogo tipológico y memoria en el Museo de Arte Precolombino

A pocos metros de la Plaza de Armas de Santiago de Chile, la esquina de las calles Bandera y Compañía custodia una estructura neoclásica de una sobriedad inconfundible. Diseñado a comienzos del siglo XIX por el arquitecto Joaquín Toesca y concluido por maniobras institucionales como la Real Aduana (1805), el inmueble ha resistido terremotos, cambios de uso y las inevitables mutaciones del tejido del centro histórico. Sin embargo, la intervención finalizada en 2014 bajo la dirección del arquitecto chileno Smiljan Radic plantea un dilema fascinante para la teoría de la conservación: ¿cómo ampliar un monumento histórico de mampostería y ladrillo sin profanar su presencia en el suelo urbano ni distorsionar su lógica tipológica?

Fachada neoclásica de la Antigua Real Aduana en Santiago de Chile.

La respuesta de Radic consistió en mirar hacia abajo. En lugar de erigir volúmenes contiguos o añadir sobreestructuras que rompieran la escala del entorno, el proyecto optó por la excavación sutil de la estratigrafía urbana. Se creó un gran nivel subterráneo de 450 metros cuadrados destinado a albergar la sala de exposición permanente Chile antes de Chile, además de depósitos técnicos y laboratorios de conservación.

El peso del aire y el diálogo tipológico

Desde la perspectiva del patrimonio adaptativo, la operación sobre la Real Aduana esquiva el mimetismo historicista y renuncia al contraste estridencial. El edificio original se organiza mediante una rigurosa composición de patios centrales ajardinados, rodeados por galerías perimetrales de matriz clásica. Radic respetó esta estructura espacial intacta en la superficie, utilizando el patio norte como la ventana tectónica que articula la vida pública con las capas profundas del edificio.

El acceso a la nueva sala subterránea se resuelve a través de una rampa ligera que desciende con naturalidad. Una vez abajo, la experiencia espacial cambia de escala y temperatura formal. Frente a la claridad del vaciado superior y los muros neoclásicos revestidos en cal, el espacio subterráneo se define por un hormigón visto de tonalidades oscuras, una iluminación escenográfica cuidada al milímetro y vitrinas monumentales de madera y vidrio diseñadas junto a Geoffroy Mathieu.

Esta tensión tectónica resulta crucial:

  • El piso superior: conserva la masividad del bloque de fábrica, la porosidad del patio y la luz directa del valle Central.
  • El nivel inferior: evoca la condición de caverna o tumba ritual, un refugio donde la penumbra protege y realza las delicadas piezas textiles, cerámicas y de madera de las culturas precolombinas.

Aquí no existe una ruptura violenta con el pasado, sino una estratificación consciente donde cada época habla su propio lenguaje constructivo sin anular al otro.

Un suelo urbano que conecta épocas

El valor urbanístico de esta intervención radica en su capacidad para abrir el monumento a la dinámica contemporánea de la ciudad. El museo no funciona como un contenedor cerrado o un mausoleo estático, sino como un umbral urbano por el que la ciudadanía transita libremente. Al mantener los patios despejados y permeables desde la calle, la intervención devuelve al centro histórico un espacio de pausa y contemplación, integrado a la red peatonal de la capital.

El trabajo de Smiljan Radic en la sede del Museo Chileno de Arte Precolombino demuestra que la arquitectura contemporánea no necesita imponerse con estridencia sobre la memoria de la ciudad para ser transformadora. Mediante una cirugía técnica precisa y una honda sensibilidad hacia los materiales, la obra demuestra que preservar no es congelar en el tiempo, sino saber excavar con respeto para dar cabida a nuevos significados.

Una mirada reflexiva al espacio

Al recorrer el centro de nuestras ciudades, a menudo olvidamos que el suelo que pisamos guarda múltiples capas de historia superpuestas. La próxima vez que pasees frente a un edificio histórico, te invito a detenerte un instante en su umbral: observa cómo se encuentran la piedra antigua y el hormigón reciente, y pregúntate de qué manera la arquitectura de hoy puede seguir dialogando de forma honesta con las huellas del pasado.