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27.8.26

Las cúpulas multicolores que devolvieron la esperanza a una isla olvidada en Irán

Durante décadas, la isla de Ormuz ha sido famosa por sus paisajes surrealistas, su tierra roja y su estratégica posición geopolítica en el golfo Pérsico. Sin embargo, detrás de esa belleza mineral se escondía una realidad amarga: desempleo, pobreza, aislamiento económico e infraestructuras turísticas que solían dar la espalda a los habitantes locales. Todo cambió cuando el estudio ZAV Architects decidió plantar en este singular suelo volcánico un conjunto de pequeñas cúpulas que parecen brotar de la propia tierra.

El proyecto, conocido como Residencia Majara, no nació para ser un simple complejo vacacional para élites urbanas. Al contrario, se planteó como un experimento urbano e incubadora social. La gran pregunta del equipo fue clara: ¿puede la arquitectura cambiar el destino económico de una comunidad local sin arrasar con su identidad ni con su entorno?

Para responderla, los arquitectos recurrieron a la técnica del Superadobe, desarrollada originalmente por el influyente arquitecto iraní Nader Khalili. Este método utiliza sacos rellenos de tierra compactada y arena local, reforzados con alambre de espino. Es una solución extraordinariamente barata, sí, pero su verdadero valor radica en su dimensión humana: no requiere maquinaria pesada ni mano de obra hiperespecializada. Cientos de vecinos de Ormuz aprendieron el oficio en la propia obra, transformándose en constructores de su propio futuro y recibiendo salarios que revitalizaron la economía doméstica del lugar.

El resultado visual es deslumbrante. Majara se compone de decenas de cúpulas de pequeña escala agrupadas como una aldea orgánica. Sus fachadas lucen tonos amarillos, rojos, azules y verdes, replicando la paleta de colores del suelo arcilloso de la isla. En lugar de levantar un único edificio imponente que rompiera la línea del horizonte, ZAV optó por fragmentar el espacio. Esta escala humana permite que las estructuras dialoguen de forma amable con el paisaje y generen una sensación de refugio casi maternal.

Asimismo, la geometría parabólica de las cúpulas no es un capricho meramente estético. Responde a una cuidadosa estrategia climática pasiva que permite gestionar de forma eficiente el calor extremo del desierto. El aire caliente asciende y se libera a través de pequeñas aberturas superiores, mientras que la inercia térmica de los gruesos muros de tierra mantiene el interior fresco durante el día y templado durante la noche. De este modo, la arquitectura reduce la dependencia de sistemas de climatización.

Por dentro, los espacios son cálidos, dinámicos y funcionales. El conjunto alberga desde acogedores alojamientos turísticos y zonas de descanso hasta espacios culturales, talleres artesanales y amplias áreas comunitarias. Todo está pensado para que residentes y visitantes se crucen, conversen y compartan experiencias.

Ficha Técnica

Parámetro Detalle
Ubicación Isla de Ormuz, Provincia de Hormozgan, Irán
Arquitectos ZAV Architects
Año de finalización 2020
Técnica principal Superadobe (tierra embolsada y compactada)
Uso / Programa Centro cultural, residencial y alojamiento turístico
Materiales clave Arena local, tierra, sacos, cemento y pigmentos

Reconocimientos

El impacto ético y estético de Majara no pasó desapercibido para la crítica internacional. El proyecto fue galardonado con el prestigioso premio ArchDaily Building of the Year 2021 en la categoría de Arquitectura de la Hospitalidad, además de figurar entre los finalistas y proyectos destacados del Premio Aga Khan de Arquitectura. Estos galardones ratificaron que la innovación no siempre requiere grandes presupuestos o alta tecnología, sino empatía y diseño inteligente.

Para conocer más detalles sobre esta obra y explorar otros trabajos del despacho, puedes consultar la información directamente en su portal:

Web oficial / Proyecto: ZAV Architects (zavarchitects.com)

¿Y tú qué opinas?

La experiencia en Ormuz demuestra que la construcción sostenible va mucho más allá de instalar paneles solares; se trata de empoderar a las personas que habitan el territorio. ¿Crees que este modelo de arquitectura participativa y de bajo costo se podría replicar con éxito en las zonas rurales o vulnerables de tu país? ¡Nos encantaría leer tu perspectiva en los comentarios!

7.8.26

¿Construir una casa con bolsas de papa y tierra? Este hombre demostró que la bioconstrucción no es un mito

 Imagínate esto: no hay camiones de hormigón, no hay bolsas de cemento tradicional, ni tampoco facturas astronómicas en la tienda de materiales. Solo tú, miles de sacos rellenados con la misma tierra del terreno y una visión clarísima. Eso fue exactamente lo que hizo un constructor en el sur de Brasil (Santa Catarina) levantando con sus propias manos una vivienda ecológica, estética e increíblemente resistente.

Aunque a primera vista parezca un experimento improvisado, esta técnica tiene un trasfondo técnico muy sólido. Se conoce internacionalmente como Superadobe o Earthbag, una metodología de bioconstrucción desarrollada originalmente por el arquitecto Nader Khalili en los años 80, donde el material estructural principal es, literalmente, la tierra que pisamos.

Tres personas construyendo una casa sostenible con muros hechos de sacos de tierra y un techo verde con plantas en un entorno natural. Una persona está pasando un cubo de tierra, otra está vertiendo tierra en un saco y la tercera está trabajando en el techo.

¿Cómo funciona este sistema en la práctica?

  • Sacos continuos o individuales: Se utilizan bolsas sintéticas de polipropileno (como las que se usan para transportar papas, granos o harina) y se rellenan con una mezcla de tierra local ligeramente húmeda (a veces estabilizada con un porcentaje mínimo de cal o cemento).

  • Compactación manual: Una vez colocada la bolsa en la hilada, se apisona fuertemente hasta que la mezcla dentro de la bolsa queda completamente compacta y firme.

  • El "agarre" estructural: Entre cada capa de sacos se colocan hilos de alambre de púas. Esto genera un efecto de tracción y fricción que evita que las capas se deslicen entre sí, unificando el muro.

  • Acabado natural: Para proteger los sacos de la degradación por rayos UV, la estructura se recubre con un revoque de barro, cal y arena, lo que le da esa apariencia orgánica e integrada al paisaje.

Más allá del ahorro económico, la gran ventaja científica de estas casas es su inercia térmica. Las paredes gruesas de tierra funcionan como un regulador natural de temperatura: absorben el calor exterior durante las horas más calurosas para mantener el interior fresco, y lo liberan lentamente cuando la temperatura baja por la noche. En regiones del sur de Brasil, con estaciones marcadas, esto reduce al mínimo la necesidad de aire acondicionado o calefacción.

Por si fuera poco, las formas curvilíneas o en domo que permite este sistema distribuyen las cargas de manera uniforme, convirtiendo a estas casas en estructuras altamente resistentes a vientos fuertes e incluso a sismos.

Este caso en Brasil nos deja una reflexión profunda: la sustentabilidad no siempre requiere tecnología futurista ni presupuestos inalcanzables. A veces, construir el futuro consiste en volver a lo básico, redescubrir técnicas de bajo impacto y poner las manos en la tierra.

¿Te animarías a construir o vivir en una casa hecha con bolsas de tierra, o sientes que todavía nos cuesta soltar el chip del ladrillo tradicional? 

¡Déjame tu punto de vista en los comentarios y abramos el debate!