29.7.26

El monumento que tardó 30 años en construirse (y el hombre que lo encargó nunca vio terminado)

Imagínate encargar la obra más grandiosa de tu vida y que la fiesta de inauguración termine haciéndose tres décadas después... sin ti. Eso le pasó a Napoleón Bonaparte.

Un 29 de julio de 1836, París por fin estrenaba su famosísimo Arco de Triunfo.

¿Por qué tardó 30 años en construirse el Arco de Triunfo?

La primera piedra se había colocado exactamente en 1806. Tres décadas para un solo monumento. Entre medias, a Francia le dio tiempo a cambiar de régimen político casi tanto como tú cambias de foto de perfil.

Todo empezó con el ego desmedido de Napoleón. Tras aplastar a sus enemigos en la batalla de Austerlitz, el emperador les prometió a sus soldados: «Volveréis a casa bajo arcos triunfales». Dicho y hecho: pidió el diseño más imponente del mundo en la Place de l'Étoile.

Retrasos, caídas de imperios y una maqueta de madera

Las obras avanzaban a paso de tortuga. Para cuando Napoleón se casó en 1810 con María Luisa de Austria, el monumento era solo una maqueta de madera y tela a tamaño real. Tuvieron que improvisar un "falso arco" para que la procesión nupcial no quedara improvisada.

Luego vino el desastre: la campaña de Rusia, la derrota en Waterloo y la caída del Imperio. El proyecto se congeló. La monarquía borbónica volvió al poder, miró las ruinas a medio hacer y decidió no tocar algo que olía demasiado a Bonaparte.

Ilustración estilo dibujo a lápiz de la vista aérea del Arco de Triunfo de París y su rotonda
Vista aérea ilustrada del Arco del Triunfo en París.

El final de la construcción y la repatriación de Napoleón

No fue hasta la Revolución de 1830 y la llegada del rey Luis Felipe I que se desempolvaron los planos. Pero para entonces, Napoleón ya llevaba 15 años muerto en la remota isla de Santa Elena.

El 29 de julio de 1836, el Arco de Triunfo abrió sus puertas sin grandes celebraciones militares por miedo a atentados. Napoleón "cruzó" finalmente su ansiado monumento en 1840, cuando repatriaron sus restos mortales a París para enterrarlo en Les Invalides. Llegó a su cita metido en un ataúd.

Un recordatorio histórico de que las grandes obras a veces sobreviven a los propios gigantes que las imaginaron.

Si pudieras viajar al pasado solo para ver la cara de Napoleón al enterarse de cuánto tardaría en terminarse su arco, ¿qué le dirías? Te leo en los comentarios.

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